La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha advertido acerca de la posibilidad de que La Niña vuelva a presentarse entre septiembre y noviembre de 2025, con una probabilidad del 55 %, la cual podría aumentar al 60 % hacia el final del año. Este fenómeno del clima se distingue por el enfriamiento del océano Pacífico en su región ecuatorial central y oriental, modificando los patrones de lluvia y temperatura en diferentes áreas del planeta.
Según la OMM, aunque La Niña implica un enfriamiento temporal de ciertas regiones oceánicas, las temperaturas globales continuarán por encima de la media debido al cambio climático, lo que significa que los episodios de calor extremo y las lluvias intensas podrían mantenerse o incluso intensificarse en varios países. De esta manera, el efecto moderador del fenómeno no necesariamente reducirá la frecuencia de eventos climáticos extremos, sino que modificará su distribución e intensidad a nivel regional.
En América Central, el fenómeno de La Niña tiende a ocasionar mayores precipitaciones, mientras que en algunas regiones del sur de Sudamérica se nota una inclinación hacia condiciones de sequía. No obstante, los efectos precisos pueden diferir, influidos por elementos locales y mundiales que interactúan con este sistema climático. Por ello, los gobiernos y las entidades meteorológicas enfatizan la relevancia de prever sus potenciales repercusiones para reducir riesgos.
El fenómeno conocido como La Niña es parte del ciclo denominado El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), el cual es uno de los principales elementos que afectan la variabilidad climática de un año a otro. En oposición a El Niño, que se caracteriza por el calentamiento excepcional de las aguas del Pacífico ecuatorial, La Niña se distingue por el enfriamiento de estas, lo que modifica el patrón de lluvias, causando sequías o inundaciones, y alterando la fuerza de tormentas y huracanes a escala mundial. Este fenómeno climático ocurre de manera no regular, con una frecuencia de cada dos a siete años, y su duración puede variar de nueve meses a más de dos años, dependiendo de su intensidad y duración.
En áreas como El Salvador y otras naciones de Centroamérica, el fenómeno de La Niña puede ocasionar lluvias fuertes y continuas, aumentando el peligro de inundaciones, desbordamientos fluviales, deslizamientos de terreno y daños agrícolas. La sobresaturación del suelo y la acumulación de agua en quebradas y sistemas de drenaje aumentan la vulnerabilidad de las poblaciones urbanas y rurales frente a eventos extremos. Por esta razón, la planificación y medidas preventivas son vitales para mitigar los efectos de este fenómeno.
Estudios de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) destacan que La Niña también puede incrementar la actividad ciclónica en el Atlántico, elevando las probabilidades de tormentas tropicales y huracanes. Aunque El Salvador no suele ser el epicentro directo de estos fenómenos, su influencia en la región puede agravar lluvias y vientos intensos, aumentando la complejidad de los riesgos climáticos locales.
Si se confirma el arribo de La Niña durante los próximos meses, el país enfrentaría un período con lluvias frecuentes y sostenidas, que podrían provocar emergencias por inundaciones y deslizamientos. Además, se requerirá un fortalecimiento de la cultura de prevención, tanto a nivel comunitario como institucional, para garantizar que las familias y los sectores productivos estén preparados. Revisar techos, limpiar cunetas y mantener drenajes despejados serán acciones esenciales para minimizar daños.
En el escenario presente, con temperaturas sin precedentes y fenómenos climáticos más extremos a causa del cambio climático, se evidencia más la necesidad de estar alerta. Pese a que La Niña es un fenómeno natural, sus efectos se entrelazan con las alteraciones climáticas globales, lo que podría aumentar la fuerza de las lluvias, vientos y eventos severos. Las autoridades recalcan que estar preparados con antelación es esencial para mitigar riesgos y salvaguardar vidas y propiedades.
Dentro de este contexto, la Dirección General de Protección Civil de El Salvador activó una alerta verde el 21 de agosto de 2025, debido a una vaguada que provocaba tormentas de moderadas a intensas. La intención de la alerta es evitar situaciones de emergencia por inundaciones en áreas urbanas, desbordes de ríos y derrumbes en zonas de alto riesgo. La saturación del terreno en varias partes del país eleva la posibilidad de incidentes, especialmente en la cordillera norte, la cadena de volcanes, quebradas, y áreas urbanas con sistemas de drenaje ineficientes.
Las autoridades locales han recomendado a las Comisiones Municipales y Comunales reforzar la limpieza de quebradas y drenajes, vigilar de cerca áreas vulnerables y estar listas para ejecutar evacuaciones preventivas si la situación lo requiere. Las medidas buscan reducir el impacto de posibles emergencias y garantizar una respuesta rápida ante cualquier eventualidad.
En relación a la comunidad, las recomendaciones esenciales abarcan no atravesar ríos o arroyos desbordados, manejar con cuidado, sobre todo en horas nocturnas, alistar una mochila de emergencia que contenga documentos, medicamentos, linterna y radio a pilas, y seguir la información proporcionada por las vías oficiales. Estas medidas son cruciales para resguardar a las familias y garantizar que las comunidades estén preparadas para actuar eficazmente frente a inundaciones y deslizamientos de tierra.
De igual manera, quienes participan en actividades en el océano deben tener especial cuidado, puesto que los vientos pueden llegar a alcanzar los 40 km/h y el oleaje en las costas y áreas lacustres podría aumentar, creando peligros para las embarcaciones y pescadores. Es esencial coordinarse con las autoridades locales y estar atentos a los informes meteorológicos para evitar accidentes y asegurar la protección.
La combinación de La Niña con el contexto de cambio climático refuerza la necesidad de planificación a largo plazo. Las comunidades deben incorporar estrategias de mitigación, como la construcción de drenajes adecuados, reforestación de áreas vulnerables, sistemas de alerta temprana y educación ciudadana sobre los riesgos de inundaciones y deslizamientos. La preparación efectiva no solo reduce pérdidas materiales, sino que también protege vidas y fortalece la resiliencia de la sociedad frente a fenómenos extremos.
A pesar de que La Niña ocurre de manera periódica, la combinación con el aumento de las temperaturas globales y los eventos climáticos severos crea un panorama complicado. La experiencia de años pasados indica que anticiparse y prevenir son medidas esenciales para reducir los impactos negativos. Las entidades gubernamentales, el sector privado y la sociedad deben colaborar estrechamente para afrontar los retos que presenta este fenómeno climático.
La gestión integral del riesgo implica no solo acciones preventivas inmediatas, sino también políticas de adaptación al cambio climático. Esto incluye la identificación de zonas vulnerables, la implementación de infraestructura resistente a inundaciones y deslizamientos, y el fortalecimiento de los sistemas de alerta temprana. Cada medida adoptada contribuye a reducir los impactos negativos de La Niña y a aumentar la capacidad de respuesta de las comunidades.
La posible llegada de La Niña entre septiembre y noviembre de 2025 representa un llamado a la preparación en El Salvador. Las lluvias prolongadas, el aumento de la actividad ciclónica y los riesgos asociados a inundaciones y deslizamientos exigen coordinación entre autoridades y población. Mantenerse informado, seguir las indicaciones de Protección Civil y tomar medidas preventivas en los hogares y comunidades será clave para minimizar los efectos de este fenómeno climático en el país durante los próximos meses.

